Estudié pintura con Naum Goijman, y dibujo con Carlos Garaycochea. A los 16 años comencé a publicar mis primeros trabajos como ilustrador. Durante una década trabajé en los diarios de mayor circulación en Argentina: Clarín (1988 / 1993) y La Nación (1993 / 1998), ilustrando cada día las noticias de actualidad. En 1998 me radiqué en Madrid y comencé a colaborar en diferentes empresas europeas. Fui colaborador permanente de los periódicos El Mundo, El País y ABC. En 2004 regresé a la Argentina para ser ilustrador del cuerpo principal del Diario Clarín, hasta 2015. Durante diez años (2009 / 2019) ilustré diariamente la página editorial de El Diario de la República. Entre 2011 y 2015 escribí y dibujé la historieta humorística “Barman, el mozo”, en el Diario Muy del grupo Clarín. En el campo docente, escribí más de 300 artículos periodísticos en las revistas europeas Macworld, Personal Computer, PC Today y ComputerHoy, sobre técnicas de iustración digital con Illustrator, Photoshop y Procreate. Brindo charlas y capacitaciones en universidades y empresas, en forma presencial y remota. En 2016 ingresé en la Agencia Nacional de Noticia Télam, en donde fui Jefe de infografía entre 2017 y 2019, e ilustrador a partir de 2020. Actualmente, publico mis trabajos internacionalmente a través de la agencia inglesa Ikon Images.
Día del Periodista. Un año intenso en once destacadas coberturas de la Agencia Télam.
«El reencuentro con Pablo se produjo mucho después. Habían transcurrido casi veinte años de nuestra partida hacia confines del mundo diferentes… Ambos habíamos cambiado. Tenía ante mí a un hombre de fuerte presencia, seguro de sí mismo, pero lo que más habría de sorprenderme, sería la formidable maduración de su obra, quizá debida al contacto con otras culturas y al estricto celo profesional con que siempre enfocó la profesión. Su tarea como ilustrador se había potenciado, pero fundamentalmente, fue su obra plástica la que más me movilizó. A primera vista creí observar alguna analogía con la obra de Jean Dubuffet, que se desvaneció rápidamente al encontrar en aquellas obras de arte su sello personal, inconfundible, sofisticado, que siempre lo caracterizó, quizás enriquecido en gran medida por su formación como músico y por su imaginación desbordante. Me pareció notable que alguien pudiera llegar por caminos diferentes a resultados análogos, igualmente imbuídos de substancia. Supe entonces que Pablo era uno de los elegidos para mantener viva la antorcha de la reflexión visual, tan amenazada hoy por las manifestaciones vacías de contenido.» Horacio Cardo
Cardo + Blasberg. Pinamar, 2014.